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verdaderamente muy antiguo. De repente el gran reloj junto a la chimenea hizo sonar su enorme campana, eran apenas las cinco de la mañana y era probable que sin los Baldosa en la casa no hubiera nadie despierto a esa hora así que regrese a mi cama para intentar dormir de nuevo. Pronto me encontré sumergido en el sueño profundo a pesar de mis temores a enfrentarme a una nueva vida, pues estos recorrían mi cabeza una y otra vez como si trataran de decirme algo.